Osvaldo Alfonso Valdés, Ex Prisionero de Conciencia de la Causa de los 75 y Analista Político de Misceláneas de Cuba
El Gobierno cubano esta semana que termina se ha dedicado a mostrar su verdadero rostro. Lo ha hecho a través de la burda campaña propagandística que ha desplegado durante varios días en los medios oficiales de prensa, que son los únicos existentes en Cuba, contra el movimiento democrático pacífico.
Con los calificativos más insultantes, del modo más manipulador, mostrando su total falta de escrúpulos, ha estado atacando a los disidentes, en especial a varios de los más destacados, acusándolos como de costumbre de recibir dinero de los Estados Unidos de América. Ahora, sin embargo, lo hace con un nuevo agregado; intenta forzosamente probar vínculos entre la oposición pacífica y un cubano encarcelado en los Estados Unidos de América a quien los voceros del régimen castrita acusan de ser un connotado terrorista.
Nada se les puede creer a los castristas. Su mayor destreza está precisamente en fabricar mentiras. Cuentan además con todo los recursos para ello. Cuentan con el poder de intimidar y reprimir y con el monopolio de los medios para difundir su veneno propagandístico.
¿Por qué el régimen desata ahora esa feroz campaña? El porque del actual momento para hacerlo, eso ellos lo saben. Siempre están tramando, intrigando, se sienten amenazados por el auge de la disidencia y se defienden atacando. Lo que sí queda claro es que el régimen comunista cubana no ha evolucionado en nada. La única evolución, es decir, lo único que puede significar en la isla un proceso positivo, de cambios reales, es si comienzan a respetarse los derechos humanos, las libertades ciudadanas, y se reconoce el derecho a disentir y asumir posiciones políticas independientes.
Lo que está haciendo el régimen precisamente es ensañarse contra quienes luchan abiertamente por esos derechos para los cubanos. La conclusión es clara como el mismo mensaje que están enviando. Quienes promueven la transición a la democracia en Cuba y trabajen por el cambio, son mercenarios y traidores, por lo tanto, la intención de quienes tienen el poder es mantener la dictadura con todo lo que ello significa.
Más no debe tomarse tampoco toda esta campaña como si solo tuviera el fin de desprestigiar a los valientes luchadores pacíficos por la libertad. El régimen puede estar creando el ambiente para incrementar la represión. No lo dudemos. Eso tendría sin dudas un costo político, pero no olvidemos que ellos están dispuestos a pagar (o a cobrar) el precio que sea, por mantenerse en el poder y eliminar todo aquello que pueda constituir una amenaza para ese poder; y no caben dudas que la fortaleza que sigue adquiriendo el movimiento democrático puede llegar a constituirlo.
Ellos lo saben y esa es la causa de sus ataques. Siempre han reprimido; tal vez lo nuevo en esto es que ahora, por el prestigio y el reconocimiento internacional alcanzado por esos luchadores, necesitan dañar la imagen de estos para justificar sus actos represivos.
Al tiempo que esto ha estado ocurriendo en la isla, en los Estados Unidos de América, tanto el presidente George Bush como los candidatos a las elecciones próximas, han ratificado el apoyo de ese país a la causa de la libertad en Cuba y a los luchadores pro democracia. El presiente norteamericano lo hizo en la Casa Blanca, donde recibió a un grupo de exilados y entre ellos a familiares de presos políticos, ante quienes habló el pasado 21 de mayo como parte de la jornada mundial de solidaridad con la libertad de la isla.
En la Florida, los candidatos John MacCain del Partido Republicano y Barack Obama del Partido Demócrata, se reunieron con miembros de la comunidad cubana y ante ellos ratificaron también que sus políticas hacia nuestro país, de llegar a la presidencia, será la de apoyo a la lucha por la democracia y que no habrá ningún tipo de negociación ni reconocimiento al régimen de Raúl Castro, si previamente no existen cambios evidente que den inicio a una transición a la democracia.
Uno de los candidatos, el senador Barack Obama, había despertado dudas por algunas declaraciones que quizás no fueron bien interpretadas sobre su postura hacia la isla. Sin embargo, el pasado 23 de mayo en Miami, el candidato demócrata llegó a declarar incluso que no levantará el embargo al régimen castrista. Prometió asimismo, como parte de su política, que levantará las restricciones a los viajes de cubano americanos y al envío de remesas de dinero. En su discurso ante cientos de exiliados cubanos, Obama ha dicho claramente: “Mi política hacia Cuba será dirigida por una sola palabra: Libertad.”
A aquellos que cuestionan la ayuda que el Gobierno de Estado Unidos de América brinda para apoyar la lucha por la democracia, hay que decirles que esa ayuda es legítima. Esos recursos no son ni serán empleados en armas ni para realizar acciones violentas. La oposición cubana, a pesar de enfrentar a un régimen feroz y cruel como el cubano, ha optado por la lucha pacífica.
El Gobierno castrista, por otra parte, tiene una total desnudez moral para criticar que un gobierno extranjero ayude económicamente a esos valientes cubanos. La dictadura cubana, durante todas estas décadas, empleó millones de dólares para promover la subversión violenta en el continente americano.
Millones ha sido empleados por esa tiranía para armar y entrenar guerrillas que han provocado sangrientas guerras civiles y llevado la muerte y el luto a gran parte del continente donde han existido esos movimiento que han utilizado además el terrorismo como método de lucha. Y nada de eso para instaurar gobiernos que respeten las libertades, sino con la finalidad de instaurar sistemas totalitarios y violadores de los derechos humanos como el de la isla.
Por la libertad de Cuba hay que seguir luchando; solamente esa lucha política interna de quienes se enfrentan valientemente a la dictadura podrá traer los verdaderos cambios. Que nuestro país sea un estado democrático es un fin que corresponde alcanzar ante todo a nosotros los cubanos, pero se trata de una causa noble y legitima que necesita del apoyo y la solidaridad expresada de todos los modos posibles, tanto moral, político como económico. El pueblo cubano además lo merece.